Son las 21.00 hs. El sonido breve, pero persistente, avisa que las personas están sumándose al encuentro. La pantalla empieza a mostrar las caras de estudiantes que se conectan. Se saludan y sonríen. ¿Cómo funciona un encuentro? El castellano es la constante, pero hoy por lo menos escuchamos los acentos de cinco ciudades, todas personas que empiezan y comparten una búsqueda. Cuando se trata de aprender, ¿cuáles son las paredes de estos espacios? Para quienes eligen entornos digitales, la cita se repite como ritual cada semana. El límite ya no es el aula, el límite es el mundo.

Una declaración evidente es decir que todo se está transformando de maneras exponenciales y es que hace 20 años -¡es como si hubiera pasado un siglo!- ni siquiera existía la palabra “googlear”; recién se fabricaban los primeros autos eléctricos ¡y los rinocerontes negros todavía existían! Productos físicos como los smartphones, airpods, e impresoras 3D, y servicios digitales como los bots, e-commerces, homebanking, y streaming, ocurrieron gracias a la co-creación colectiva con utilización y los indispensables avances en tecnología. Las formas en que la humanidad habita el planeta cambiaron, y con ellas también nuestros hábitos, el modo en que nos vinculamos, sentimos y experimentamos. Es lógico, por lo tanto, que nos preguntemos qué le depara — o hacia donde puede virar- la educación en este momento.

El debate viene desde hace algunos años. Los detractores de los formatos digitales sostienen que no hay nada como la presencialidad, mientras que los defensores auguran transformaciones y utopías inesquivables. ¿Qué hay de cierto en todo esto? ¿cuánto sabemos? ¿cuánto probamos? ¿cuánto nos queda por descubrir?

Está clara la necesidad de ampliar las formas que tenemos de aprender y enseñar en un contexto cambiante. ¡También es una realidad que todavía nos queda mucho por recorrer! Es clave, a cada paso, renovar los compromisos para seguir y eso lo hacemos desde:

  • diseñar metodologías, prácticas y estrategias pedagógicas alternativas
  • generar evidencia para entender el impacto sobre la calidad de lo que hacemos
  • promover intercambios y compartiendo hallazgos entre quienes formamos parte de las comunidades de aprendizaje.

Desde el 2013 en Acámica nos zambullimos a explorar nuevos escenarios digitales posibles para el aprendizaje. Testeamos, fallamos, iteramos y también descubrimos algunos trucos que se convirtieron en goles desde la mitad de la cancha.

Acá comienza una serie de publicaciones en las que te contamos en qué consiste el modelo al que llegamos: aprender conectados.

¡Hasta la próxima!